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Tortugas marinas en Fuerteventura: la visita que nadie espera

By 7 de septiembre de 2026No Comments
tortuga marina grabada por nosotros en Fuerteventura

Estamos fondeados, la gente en el agua, y de repente alguien grita desde la proa. No es un delfín. Es una cabeza pequeña que sale a respirar a unos metros del casco, se queda un momento mirando y vuelve a bajar sin prisa.

Pasa casi a diario. Y lo curioso es que nunca salimos a buscarlas.

En aguas canarias conviven varias especies, y la más habitual es la tortuga boba, la Caretta caretta. Es la de caparazón pardo y cabeza grande, la que casi siempre se ve flotando en superficie tomando el sol antes de sumergirse otra vez.

Aparecen cuando no las buscas

Nosotros salimos a navegar y a estar atentos por si asoman delfines o ballenas. Las tortugas llegan solas, sin avisar, casi siempre durante la parada del baño o mientras bordeamos la costa. Igual que las mantas, que también se dejan ver de vez en cuando.

Por eso gustan tanto: no forman parte del guion. Nadie te las promete al reservar y aun así acaban siendo la anécdota que cuentas al volver al hotel.

Una historia que empezó en Cofete

Aquí viene lo que mucha gente no sabe, y es una historia de Fuerteventura entera. En la playa de Cofete se lleva años trabajando en un proyecto de reintroducción de la tortuga boba, impulsado por el Gobierno de Canarias con huevos procedentes de Cabo Verde. La especie llevaba cerca de trescientos años sin anidar en las islas.

Y hay un detalle que pone la piel de gallina: las tortugas practican la filopatría, es decir, tienden a volver de adultas a la playa donde nacieron para poner sus huevos. Eso significa que algunas de las que crecieron en la arena de Cofete pueden regresar un día a Fuerteventura. Cuando navegas por aquí y ves asomar una, es difícil no pensar en ello.

Un hospital de tortugas en nuestro propio puerto

En el puerto de Morro Jable, a pocos metros de donde amarramos, está el Centro de Recuperación y Conservación de Tortugas Marinas del Cabildo de Fuerteventura. Allí llegan las que aparecen heridas o enredadas, se les da tratamiento y, cuando se recuperan, vuelven al mar.

Se puede visitar de forma gratuita, aunque conviene consultar antes los horarios porque cambian según la temporada. Si estás por la zona con niños, es un plan corto que merece mucho la pena.

Dos que se vinieron con nosotros

De todas las que hemos visto, hay dos que la tripulación recuerda especialmente. Una tenía una pata rajada y no se manejaba bien. La subimos a bordo con cuidado y la dejamos en el centro para que la trataran.

La otra llevaba el caparazón lleno de adherencias, justo cerca del cuello, y eso le impedía nadar con normalidad. Misma historia: al centro, limpieza, recuperación y de vuelta al Atlántico cuando estuvo lista. Terminar la jornada así cambia el día a cualquiera.

Si alguna vez te encuentras una tortuga herida o varada en la playa, lo mejor es no manipularla y avisar a emergencias para que se ocupen los profesionales.

Cuando aparece, lo mejor es no hacer nada

Con ellas actuamos igual que con los cetáceos: sin perseguirlas, sin tocarlas y sin invadir su espacio. Es la misma idea que resume nuestro código del Barco Azul. Si decide quedarse un rato cerca del barco, disfrutas del momento; si se va, la dejas irse.

Nos vemos en el muelle de Morro Jable

No podemos prometerte que veas una tortuga, igual que no prometemos delfines. Lo que sí sabemos es que este trozo de Atlántico está muy vivo y que ninguna salida se parece a la anterior.

manuelmgcsa