
Un pequeño relato sobre la fiabilidad y expertise humano frente a la tecnología naútica.
A menudo, cuando un grupo de delfines mulares aparece de repente junto al casco, los pasajeros nos preguntan con asombro si usamos radares o sonares para localizarlos. La respuesta es un «no» rotundo. Como Barco Azul certificado, evitamos cualquier tecnología que pueda emitir ruidos o vibraciones que molesten a los animales en su propio hogar.
Nuestro secreto es mucho más antiguo y humano: es el instinto y el oficio. El equipo en cubierta no solo mira el horizonte; interpreta los signos que el océano nos da. Un cambio sutil en el color del agua, el vuelo nervioso de las pardelas o una corriente específica, nos dicen dónde hay vida.
Llevamos desde 1995 recorriendo la costa de Jandía y ese conocimiento heredado es el que nos permite, con un altísimo porcentaje de éxito, encontrarnos con nuestros compañeros de viaje de forma natural y respetuosa. Aquí, la magia la pone el Atlántico, pero el «ojo clínico» para descubrirla lo pone nuestra tripulación.
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